“El diezmo en el nuevo pacto

Sección: estudios • Subsección: doctrinas • Actualizado: 2026-05-01 18:51:45
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El tema del diezmo ha acompañado a la comunidad de fe a lo largo de la historia bíblica y cristiana con una persistencia notable. No se trata únicamente de una práctica económica, sino de una expresión que toca la comprensión de Dios, la relación del creyente con Él y la manera en que se concibe la mayordomía. Sin embargo, al examinar la Escritura con detenimiento, se advierte que el diezmo no es presentado como un concepto uniforme desde el principio hasta el final, sino como una realidad que se despliega progresivamente, adquiriendo distintos matices según el contexto.

La discusión contemporánea suele polarizarse entre quienes sostienen su vigencia obligatoria y quienes consideran que pertenece exclusivamente al sistema del antiguo pacto. No obstante, una lectura más pausada del texto bíblico sugiere que la cuestión no puede resolverse con simplificaciones. Más bien, invita a considerar la continuidad de ciertos principios junto con la transformación de sus formas.

Este artículo busca recorrer ese trayecto, integrando la perspectiva bíblica con la reflexión de Elena G. de White, quien aporta una interpretación que intenta armonizar los distintos momentos de la revelación. El propósito no es imponer una conclusión cerrada, sino ofrecer un marco de comprensión más amplio y coherente.


El origen del diezmo: más allá de una invención humana

Una de las preguntas más frecuentes es si el diezmo fue una creación humana o una institución divina. La Biblia no presenta un momento único en el que Dios lo establezca formalmente antes de la ley, pero tampoco lo describe como una práctica surgida por iniciativa independiente del ser humano.

El primer registro aparece en Génesis 14:20, donde Abraham entrega el diezmo a Melquisedec. Este acto ocurre en un contexto profundamente espiritual: después de una victoria atribuida a Dios y en presencia de un sacerdote que representa al “Dios Altísimo”. El texto no menciona un mandato explícito previo, pero la acción de Abraham no se presenta como arbitraria, sino como coherente con el reconocimiento de la soberanía divina.

Más adelante, en Génesis 28:22, Jacob formula un voto que incluye el diezmo. Nuevamente, el contexto es revelador: un encuentro con Dios que transforma su percepción de la realidad. El diezmo aparece como respuesta, no como imposición.

Aquí resulta iluminadora la observación de Elena G. de White, quien señala que el sistema del diezmo no se originó con los hebreos, sino que era un reconocimiento temprano de que todo pertenece a Dios. Según su planteamiento, los patriarcas no actuaron por invención, sino en respuesta a una instrucción divina que, aunque no siempre registrada de manera explícita, formaba parte de la relación entre Dios y su pueblo.

Esta perspectiva encuentra un eco indirecto en Génesis 26:5, donde se afirma que Abraham guardó mandamientos, estatutos y leyes de Dios antes del Sinaí. El texto no detalla su contenido, pero deja abierta la posibilidad de que principios como el diezmo ya estuvieran presentes en la revelación divina temprana.


El diezmo en la ley mosaica: de principio implícito a sistema estructurado

Con la instauración de la ley en el Sinaí, el diezmo adquiere una forma clara y organizada. Ya no es solo una expresión individual, sino una institución dentro del pueblo de Israel. En Levítico 27:30 se declara que el diezmo pertenece a Dios, y en Números 18:21 se establece que los levitas lo recibirían como heredad en lugar de tierras.

En este contexto, el diezmo cumple varias funciones. Por un lado, sostiene el sistema de culto; por otro, asegura el bienestar de quienes se dedican al servicio religioso. También aparece vinculado a la vida comunitaria, incluyendo el cuidado de los más vulnerables en determinados ciclos.

El profeta Malaquías refuerza esta dimensión al presentar el diezmo como un indicador de fidelidad: “¿Robará el hombre a Dios?” (Malaquías 3:8). Aquí el diezmo no es simplemente una práctica económica, sino una expresión de la relación espiritual entre el pueblo y Dios.

Elena G. de White interpreta este desarrollo como una organización de un principio ya existente. Según su enfoque, Dios no introduce el diezmo como algo completamente nuevo en el Sinaí, sino que lo formaliza y lo adapta a las necesidades de una nación organizada. Esta lectura permite ver continuidad entre los patriarcas y la ley, sin negar las diferencias en forma y función.


El cambio de pacto: implicaciones para la ley y el diezmo

El Nuevo Testamento introduce una dimensión que complejiza la interpretación. Textos como Hebreos 7:12 afirman que, al cambiar el sacerdocio, también hay un cambio de ley. Asimismo, Hebreos 10:9 declara que Dios “quita lo primero para establecer lo último”.

Estas afirmaciones han sido fundamentales para quienes sostienen que el diezmo, al estar vinculado al sistema levítico, ya no tiene carácter obligatorio bajo el nuevo pacto. Desde esta perspectiva, la obra de Cristo no solo transforma la relación con Dios, sino también las estructuras que mediaban esa relación.

Sin embargo, otros observan que el diezmo no se limita a la ley mosaica, ya que aparece antes de ella. Por tanto, consideran que su principio puede trascender el cambio de pacto, aunque su aplicación pueda variar.

Aquí se percibe una tensión legítima dentro del texto bíblico: continuidad de principios frente a transformación de estructuras. Resolver esta tensión requiere una lectura que no ignore ninguno de los dos aspectos.


En Mateo 23:23, Jesús menciona el diezmo en un contexto de crítica a los líderes religiosos. Su afirmación es precisa: reconoce la práctica, pero denuncia la desproporción al descuidar “lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe”.

Este pasaje ha sido interpretado de diversas maneras. Algunos lo ven como una validación del diezmo; otros, como una referencia contextual dentro del sistema vigente antes de la cruz. En cualquier caso, el énfasis de Jesús no está en eliminar la práctica, sino en reordenar las prioridades.

El diezmo, en palabras de Jesús, no puede sustituir la transformación del carácter. Puede coexistir con una vida espiritual superficial, y es precisamente esa posibilidad la que Él confronta.

La enseñanza apostólica desplaza el enfoque hacia el corazón del creyente. En 2 Corintios 9:7, Pablo establece que cada uno debe dar según lo que ha decidido, sin coerción. Este principio introduce una dimensión de libertad que contrasta con la estructura fija del diezmo en la ley.

No obstante, la libertad no implica ausencia de compromiso. En 1 Corintios 9:14 se afirma que quienes anuncian el evangelio deben vivir de ello. La necesidad de sostener la obra de Dios permanece, aunque el mecanismo no se presenta con la misma rigidez.

Elena G. de White armoniza estos elementos señalando que el diezmo sigue siendo un principio divino de mayordomía, pero enfatiza que su práctica debe surgir de la comprensión espiritual y no de una imposición meramente externa. En su visión, el nuevo pacto no elimina el dar sistemático, sino que lo profundiza al vincularlo con la experiencia interior del creyente.


Dos lecturas, una misma Escritura

A partir de todo lo anterior, se pueden identificar dos grandes líneas interpretativas que, aunque parten del mismo texto bíblico, avanzan por caminos distintos. La primera sostiene que el diezmo constituye un principio permanente, establecido por Dios desde los tiempos patriarcales y reafirmado a lo largo de la historia bíblica. Esta lectura observa su presencia antes de la ley en la experiencia de Abraham, su formalización en el sistema mosaico y su mención en las palabras de Cristo, interpretando estos elementos como señales de continuidad más que de interrupción. Desde esta perspectiva, el diezmo no se limita a una estructura cultural o legal, sino que expresa un reconocimiento constante de la soberanía divina sobre los bienes humanos.

La segunda línea interpretativa, en cambio, reconoce esa misma evidencia textual, pero enfatiza el cambio introducido por el nuevo pacto. Según esta lectura, aunque el principio de dar permanece vigente, la forma específica del diezmo —como porcentaje fijo vinculado al sistema levítico— pertenece a un orden que ha sido transformado. Aquí se destaca la enseñanza apostólica sobre el dar voluntario, la centralidad del corazón y la libertad cristiana como elementos que redefinen la práctica sin eliminar el compromiso.

Ambas posturas encuentran respaldo en la Escritura, lo que revela que el debate no se origina en una falta de base bíblica, sino en la manera en que se articulan sus distintas partes. La diferencia no radica en la fidelidad al texto, sino en el énfasis interpretativo, en la forma de relacionar los períodos de la revelación y en la comprensión del tránsito entre la ley y la gracia. En ese sentido, más que una contradicción, lo que emerge es una tensión legítima que exige una lectura cuidadosa, capaz de reconocer tanto la continuidad de los principios como la transformación de sus expresiones.


Conclusión

El cristiano debe diezmar, y el diezmo sigue vigente como principio divino de adoración.

La razón no descansa únicamente en la ley de Moisés. El diezmo aparece antes de ella en la vida de Abraham (Génesis 14:20), lo cual indica que no nace como parte del sistema levítico, sino como reconocimiento de la soberanía de Dios. Luego es organizado dentro de la ley (Levítico 27:30), no como una invención nueva, sino como la formalización de un principio ya existente.

Jesús no lo anula. En Mateo 23:23 afirma: “esto era necesario hacer”, lo que implica validación, aunque corrige la falta de equilibrio espiritual. Si el diezmo hubiera perdido vigencia, este habría sido un momento claro para declararlo, pero no ocurre así.

El Nuevo Testamento tampoco lo elimina explícitamente. Lo que sí hace es profundizar la motivación: el dar debe proceder del corazón (2 Corintios 9:7). Sin embargo, ese énfasis no reemplaza el principio, sino que lo perfecciona. No se trata de dejar de dar estructuradamente, sino de hacerlo con comprensión espiritual.

Desde esta perspectiva, las “redefiniciones” no son eliminación, sino ampliación del sentido:

Primero, el diezmo pasa de ser solo cumplimiento a ser adoración consciente.

Segundo, de sostener un sistema levítico a sostener la obra de Dios en cualquier tiempo (1 Corintios 9:14).

Tercero, de un acto mecánico a una expresión de fidelidad integral.

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